Foto Eva Entrada 17.05.24

EVA ALMIRÓN

Mi historia

Durante muchos años llevé puesta la máscara de la complacencia. Desde fuera parecía que todo estaba bien, pero por dentro no era feliz. Vivía en una adaptación constante: intentando encajar, sostener relaciones que no me cuidaban y respondiendo a expectativas que no eran las mías. Me había acostumbrado a no escucharme.

En 1997 tomé una decisión importante: romper una relación que me estaba anulando. No fue fácil. Supuso atravesar miedo, culpa y una profunda sensación de pérdida. Durante mucho tiempo sentí que estaba atrapada, como si hubiera vivido en una cárcel de sobreadaptación emocional. Aun así, fue la decisión más importante de mi vida: dejar de traicionarme.

Ese proceso me llevó a iniciar un camino tan costoso como transformador. Busqué respuestas, sentido, comprensión… y fue ahí donde descubrí que la psicología no era solo una profesión, sino una vocación profundamente conectada con mi propia historia.

Estudié Psicología casi sin saber explicarlo con palabras. Era algo interno, una certeza. Cuando terminé la carrera me sentía perdida, sin saber bien cómo ejercer. En aquel momento estaba en terapia y fue mi psicóloga quien me ayudó a ver opciones de formación para poder trabajar con pacientes. Así fue como entré en un instituto donde me formé en habilidades psicoterapéuticas y comencé a acompañar a personas reales, con historias reales, con dolor, con miedo y con esperanza. Aprendí a llevar pacientes bajo supervisión y a sostener procesos terapéuticos desde la responsabilidad y el respeto.

Durante un tiempo volví a ponerme otra máscara: la de la perfección. Quería hacerlo todo bien, estar siempre a la altura, no fallar. Esa exigencia también me bloqueó. Hasta que entendí que sanar —y acompañar— no va de ser perfecta, sino de ser auténtica.

A lo largo de más de 20 años de práctica clínica he realizado diferentes másteres y formaciones que me han aportado recursos, mirada y profundidad. Todo ese recorrido me ha permitido acompañar a personas que, como yo en su día, llevaron máscaras para sobrevivir, así como a otras que atravesaban distintos tipos de dificultades emocionales.

Hoy acompaño a personas que se han sobreadaptado durante años: mujeres y hombres con miedo al abandono, necesidad de aprobación y dificultad para ponerse en el centro sin culpa. Personas sensibles y profundas que han aprendido a sobrevivir olvidándose de sí mismas.

Mi trabajo nace de ahí. De haberme perdido y haberme vuelto a encontrar. De haber vivido desde la máscara y haber elegido, por fin, ser yo.